Algunas veces se ha dicho que Bitcoin es apolítico. Vamos a dar por buena esta afirmación. Bitcoin como sistema es apolítico, eso no significa que el denominado ecosistema Bitcoin no esté trufado de política. Sostenemos estas afirmaciones entre otras cosas porque se suele decir que los mineros son el poder ejecutivo de Bitcoin. El poder ejecutivo es una de las partes de la división de poderes, junto con el legislativo y el judicial,  Bitcoin tendría en los mineros el poder ejecutivo como parte de un gobierno en el que los desarrolladores serían el legislativo, mientras que el poder judicial no pueden ser más que los jueces efectivamente existentes de cada país, que pueden emitir sentencias en un sentido o en otro sobre mineros y desarrolladores, o usuarios comunes (que en Bitcoin son lo más difícil de definir, a saber, ¿qué es lo que tienen en común los que usan Bitcoin?). En todo caso, decir que los mineros son el poder ejecutivo parece una metáfora o analogía, que no sé si hace mucho bien para saber qué es lo que hacemos.
Bitcoin se caracteriza sobre todo como una práctica que explora los límites de lo que podemos denominar espacio antropológico. ¿Qué esto del espacio antropológico? En primer lugar, suponemos que el espacio antropológico es universal, y lógicamente anterior a cualquier práctica política, pero tanto su universalidad como su anterioridad sólo pueden advertirse a través de prácticas particulares y singulares y, por tanto, tal anterioridad se advierte después de esa práctica que es sobre todo política, lo que no invalida para que sigamos afirmando que dicho espacio antropológico sea universal y lógicamente anterior a la política. ¿Qué caracteriza a este espacio antropológico? Funciones, solamente funciones, ejercicios de individuos concretos que actúan en comunidad teniendo como forma más o menos definida lo que se llama, en este caso, Bitcoin. ¿Cuáles son estas funciones? Las funciones son tres y puede establecerse cierta analogía con la división del poder político, sin embargo, mientras que la división del poder político se ha de aplicar en cada caso a sus formas particulares, estatales, las funciones del espacio antropológico desborda cualquiera de estas particularidades.
Las funciones del espacio antropológico son la función ejecutiva, la función normativa y la función especulativa y señalan a una comunidad universal en la que se advierten signos de una realidad virtual y fragmentaria, y por tanto con contenido al margen de imágenes ficticias, fantasiosas o de mera posibilidad. Bitcoin está trabajando en términos reales con toda la potencialidad de esta comunidad universal que sólo se ha advertido efectivamente con los imperios, con imperios muy diversos, léase el imperio romano, el imperio español católico, y el imperio soviético. La debilidad de estos imperios es que aunque tales empresas adviertan signos de realidad, son capaces de generar comunidad, quieren construir esta comunidad creyendo que es posible dominar,  lo más difícil de dominar, la singularidad de las acciones, de hecho, no son estos imperios los que terminan mostrándonos los signos ciertos del espacio antropológico, en lo que se refiere a promover un sentido común, capaz de integrar acciones singulares y concretas. El capitalismo ha sido capaz de crear una estructura que promueva las acciones singulares hasta en su más mínimo detalle. Por tanto, los que son capaces de tener alguna influencia sobre la lógica capitalista, son sobre todo intérpretes de instrumentos desde diversos campos de conocimiento práctico, para hacer de manera menos grandilocuente lo que pretendían los imperios. Distribuir divisas. (Acepción número 3 de la RAE, 3. f. Expresión verbal que formula un pensamiento, un ideal, una forma de conducta, etc., que una persona o un grupo de personas asumen como norma.)
En este sentido capitalismo no es una estructura política sino  una estructura antropológica, instrumental. Y los recursos que utiliza son el derecho entendido por la forma de generar signos que sirvan como títulos de propiedad o contratos, o la monetización de los mismos, dotándolos de liquidez, y deben ser observados desde la perspectiva instrumental antropológica, señalando cómo se producen, cómo funcionan, e intentando posponer juicios valorativos, políticos, o polémicos inmediatos. En este sentido el capitalismo también es apolítico. Si no lo fuera no funcionaría. La política supone deliberación a partir de unas posibilidades que han de producirse realmente. Por tanto, el espacio antropológico debe ser entendido cómo la forma de producir lo real, y por tanto cómo es capaz de generar posibilidades futuras de acción. El político, sin embargo, quiere hacer el camino contrario, a partir de unas posibilidades realizar proyectos, esto es propio de los imperios, al menos en su parte más delirante, pero el capitalismo como estructura antropológica crea condiciones de posibilidad. La aporía es que ello, la producción de lo real, ocurre en una gran cantidad de proyectos que compiten y que pueden denominarse políticos en la medida que manejan posibilidades y vislumbran su realización, este es el sueño húmedo de los desarrolladores de Bitcoin que lo ven desde la perspectiva de las posibilidades, sin embargo, desde la perspectiva de conjunto que aporta Bitcoin, los desarrolladores no ejercen más que la función especulativa,  trabajan con posibilidades, generando a veces monstruos, otras veces anunciando lo listos que son, pero en todo caso necesarios para trabajar en las condiciones de posibilidad que en el caso de Bitcoin han de ser pocas y claras, cómo en realidad lo son en el capitalismo. La función especulativa, por tanto, señala como ciertos individuos combinan, recombinan posibilidades y queda bastante bien representado por el trabajo de software que llevan a cabo los desarrolladores, pero lo que ha de entenderse es que si Bitcoin es capaz de integrar a una comunidad es porque esas condiciones de posibilidad están ya dadas (esto es lo más difícil de ver y las condiciones de posibilidad no tienen que ver con el código sino con la capacidad de integrar las acciones humanas singulares y concretas), por eso desde este punto de vista Bitcoin está formado por cuatro factores: en primer lugar, que sea p2p, es decir, que esté indicado para posibilitar transacciones singulares entre dos individuos; en segundo lugar, que haya una cantidad fija de unidades monetarias al margen de voluntades particulares que son capaces de saber lo que desea la comunidad; en tercer lugar, la denominada prueba de trabajo, por la cual esas unidades monetarias, y esas transacciones están garantizadas por una visión que niega la falsa armonía del poder ejecutivo que ve el futuro, y por eso mismo los mineros ni individual, ni en conjunto forma poder ejecutivo alguno; y en cuarto lugar, y quizá sea la que más dificultades tengo para comprender, es la del tiempo de 10 minutos en las que se genera esa prueba de trabajo, y señala la necesidad de agregar transacciones.
Los mineros, por tanto, ejercen la función normativa del espacio antropológico, y por función normativa, no ha de entenderse realizar las posibilidades de los desarrolladores actualizando su código, si esto fuera así, Bitcoin no sería más que un juguetito de unos pocos. En cambio los mineros  dan el carácter de norma a la realidad efectiva, y la realidad efectiva es la parte más débil de Bitcoin, es decir, el desconocido usuario común que lleva a cabo la función ejecutiva y la realidad de éste no es más que la totalidad de las transacciones efectivas que tienen que ver con la posibilidad de realizar un proyecto de vida, político o lo que sea de individuos particulares. La forma de la norma la da el usuario final, con sus acciones y esta forma es la de la transacción, el envío de información A a B. Norma es ángulo recto, escuadra, para delimitar espacios, una transacción es norma, sentido recto, pero de la acción, de la praxis, y los mineros deben competir para hacer consistentes esta transacción, la consistencia es pragmática y atañe a las futuras  transacciones de los particulares, con las que podrán seguir haciendo proyectos de futuro, pero sus unidades monetarias, sus tokens, su fichitas que intercambian no están sometidas a voluntades particulares alguna, mostrando la consistencia de la Reina de Corazones.
La definición de divisa habla de norma que en Bitcoin es mero signo, mera expresión y el contenido de la misma lo aportan los individuos con su tiempo y energía. Los mineros lo que hacen es indicar que ellos honestamente van a invertir en lo que más valor da a las acciones singulares, a saber, van a invertir en tiempo y energía. Pero atención la honestidad de los mineros no es, en ningún caso, un antecedente sino la consecuencia de cómo funciona Bitcoin. Para honestidad de la otra, la que se presupone, ya están los banqueros centrales. Una divisa controlada por unos pocos no sólo es expresión, sino que ya configura unos contenidos que influyen en los tiempos y en las energías de los individuos. Por tanto, el capitalismo que controla la emisión monetaria no sólo es capaz de dirigir las acciones humanas, sino que además son capaces de apropiarse de su tiempo y energía. Bitcoin no da la libertad a nadie pero ayuda a liberar  a los individuos de esta lógica. El problema es si se desea realmente esto.
Sólo Bitcoin Cash representa esta lógica, el resto de criptomonedas son mero entretenimiento.
 

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