Gracias a mis cualidades histriónicas puestas en acción con los amigos del matrimonio, he logrado regresar a mi casa, bueno a la que fue porque tras el divorcio solo la puerta me quedó y no literalmente, por supuesto.
Mi ex le lo había ha permitido con ciertas condiciones no muy fáciles de cumplir, pero al final yo no estoy aquí para ser Romeo sino el peor de los vengadores.
No puedo negar que quien metió la pata fui yo con mis juergas e infidelidades, pero cuando llega el viernes la sarna de fin de semana es difícil controlarla y ella solo pide calle, alcohol y locura y mi ex está vacunada contra eso.
Ya llevo una semana acá portándome como Silvestre esperando el momento de poderse comer a Piolín, y mi rutina se ha simplificado en ir de la casa al trabajo y viceversa, porque si llego más tarde de lo acordado me quedo a dormir afuera y pierdo los beneficios del cuarto de huéspedes con el colchón que viola los músculos y maltrata los huesos y que para mí desgracia compré con toda la mala intención contra quien deseara quedarse en la casa, especialmente cuñados, suegra e invitados.
Solo en una cosa he salido favorecido, los gastos ahora los pagamos entre los dos, pero sigo comiendo en la calle, porque desde que la muchacha de servicio me sapeó porque la invite a salir, tengo miedo que me vaya a envenenar.
Quince días después de mi regreso se me presentó la primera oportunidad para vengarme.
Mi ex se fue al cumpleaños de su madre y por primera vez pude quedarme a mis anchas en la casa y con llave para ir y venir, por lo que activé uno de los planes para recuperar mis cosas, el robo.
Llamé a unos amigos que tienen a otros con costumbres nada loables y estos quedaron en enviarme dos antisociales como a las 10 de la noche.
Me senté en el Porsche de la casa a tomarme unos tragos de un whisky escoces que sobrevivía en el bar.
Me extrañó el que ella no hubiera eliminado mi rinconcito y en el fondo lo agradecí, tal vez ella estaba esperando mi regreso.
Después de tres tragos me entró nostalgia de los viejos tiempos y cuando una corneta me sacó de mis cavilaciones dudé entre seguir con el plan o abortarlo, pero lo hice, abrí el portón eléctrico y ellos metieron de retroceso un pequeño camión de mudanzas.
Les brindé un par de tragos mientras nos repartíamos el botín aun no robado y quedamos que al final me golpearían para simular que había sido sorprendido.
Mientras estaban montando algunas cosas los sonidos de las sirenas inundaron todo y en solo minutos varios policías nos apuntaban con sus armas.
Fuimos arrestados y en el calabozo me arrepentí de no haber suspendido todo pero ya era tarde.
Mi ex había colocado una alarma silenciosa y unas cámaras ocultas que grabaron todo y pasaría mucho tiempo para que pudiera ver la luz del sol nuevamente.
Me acordé de algo que leí en algún lado. “La venganza es dulce pero deja un sabor amargo en la boca”

 

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